- Había una vez una mujer que escucho una campana.
- Mi señor, eso no responde mi pregunta ¿A dónde vamos? – le pregunté.
No me contesté, siguió caminado un largo rato, hasta que
llegamos a una pequeña cabaña, en aquel lugar había un hombre llorando, había
una vela, incienso, una tasa de agua caliente que estaba en la mesa, reflejaba
la luna creciente del firmamento. Dentro del cuarto principal, había una cama,
sobre ella estaba una mujer triste, echada sin poder levantarse, que miraba la
puerta, estaba esperando a su esposo, quien estaba afuera sumergido en la
tristeza.
Era de cabellos negros, y ojos café; cerró sus ojos con
resignación. Lagrimas caían de sus parpados. ¿Por qué estamos aquí mirando
esto?, esta mujer va a morir, ¿Por qué?, se ve sana, ¿Por qué? ¿Qué hacemos
aquí? Nadie puede evitar la muerte, ni siquiera...
- ¿Deseas vivir? – dijo mi señor sin mover sus labios, la mujer lo escuchó aunque parece que solo nosotros tres podíamos oírlo.
- No… - contestó sin hablar
- ¿Por qué?
- Porque quiero ver a mi hija crecer… no me importa morir, siempre y cuando mi hija no sufra la misma suerte que yo.
- Que darías para tu hija no sufra tú mismo destino
- Daría todo, todo, daría hasta el astro rey, pagaría todo, incluso mi propia vida
- ¿Podrías vivir sabiendo que ella jamás te conocerá? Sin ningún recuerdo de ti, sin un te quiero sin un abrazo.
- Sí, no me importa morir si ella vive, me gustaría quedarme con ella, verla crecer, ser feliz, escuchar su voz, su risa – dijo tristemente
- ¿Deseas morir? – volvió a preguntar
- Ese mi destino
- Renuncias a tu vida tan fácil
- Ha sido así por mucho tiempo… trate de hacer lo que pude, trate de no enamorarme, pero nada resulto. Mi madre murió cuando nací yo y mi abuela igual y su madre de la misma forma y así por siglos, me hubiera gustado conocerla, cuanto hubiera dado por una caricia suya, una sola palabra, incluso un regaño, todo en vez de este vacío en mi corazón.
- Y ese es el destino que quieres para tu hija, un vacío.
- No… pero… si con mi muerte puedo evitar que ella sufra lo mismo, mi muerte no será en vano
- ¿Renuncias a tu vida?
- No… no renuncio a ella, solo la doy como pago para que ella se quede aquí, que no sufra como yo lo hice de niña, ni tenga la desdicha de decirle adiós a alguien que ama y no conoce… – el sonido dulce de una campana se escuchó. La señora abrió sus ojos y volteo hacia la venta, nos miró.
- Esta campana fue utilizada hace muchos años para castigar a una mujer que apostaba su vida en vano, ella jugaba con su vida como si fuera cualquier cosa, y en un acto de imprudencia renuncio a ella, sin pensar en sus hijos, y la hechicera de la campana quien respetaba la vida la maldijo para que cuando diera luz, ella muera, su hijo sería una niña que se enamoraría profundamente y tendría el mismo destino que su madre. Ninguna de ella se tomó la molestia de cambiar su futuro, ni de aquella que le seguirían.Si la campana renuncia a liberar a su hermoso sonido simplemente porque no le importa, entonces no merece ser campana, debe ser fundida y transformada. Pero aquella campana que renuncia a su badajo para que otra campana pueda sonar, se le colocará uno nuevo, porque aun sirve, aun suena y sonara con la otra campana para siempre…
- ¿Deseas vivir?
- Si
- ¿Por qué?
- Porque quiero que ella me recuerda, quiero criarla, quiero que sienta mi amor y que ella pueda hacer lo mismo algún día.
Un suave llanto se escuchó en la habitación, la mujer había
dado a luz a dos pequeños un varón y una mujer, el hombre entro a la habitación
y vio a su esposa cargando a sus hijos. La luz del sol baño esa habitación y
antes de que ella volteara para ver hacia la venta, ya nos habíamos ido.
Íbamos rumbo a casa dejando esa hermosa escena atrás, una
figura oscura se nos cruzó enfrente, miró a mi señor
- Buen día Parca – solo asintió como respuesta, tenía un carta en su mano – ella no morirá – volvió a asentir
Aquella criatura volvió a su camino rumbo a esa cabaña, ella
no iba a cumplir una tarea cotidiana iba con una hermosa carta en sus manos que
decía: A mi hija.
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