Caminábamos por los bosques cerca del mediterráneo rumbo a
casa, el día era despejado y el sol brillaba en su más fino resplandor, todo
brillaba a mí alrededor. Estábamos algo retrasados en nuestro viaje pero al
parecer a él no le preocupaba, siempre era así.
- ¿Crees que llegaremos a tiempo?
- Lo dudo mucho, pero más vale tarde que nunca.
- Pero mejor ahora que mañana.
- Exacto… no estamos tarde, ya verás.
- No debimos demoráramos tanto con…
- Eso no importa Sólar – me contestó, se detuvo – parece que nos vamos a demorar un poco más, viejo amigo. Miro haciaia un rio que cruzaba por un lado, se dirigió a él y comenzó a caminar por la orilla.
Bajo un árbol de manzanas, grande y majestuoso, hay un
pequeño niño, tendría como 10 años, estaba llorando, mirando al suelo. Yo me
quede atrás, después de todo, mi apariencia suele asustar a las personas, pero
él se acercó cada vez más al joven y se arrodillo para mirarlo a los ojos.
- Hola pequeño - le dijo dulcemente
- …
- ¿Cómo te llamas?
- …
- Sabes…, es una hermosa mañana la de hoy, a un sinfín de sonidos hermosos, ¿No lo crees?
- Sí, es verdad
- ¿Por qué lloras?
- Nada, solo estaba pensando – dijo tímidamente – me llamo Az.
- ¿Qué pensabas?
- Me preguntaba qué es lo que hice para no poder ver – era ciego me acerque para acompañar a mi amigo, pero el niño comenzó a oírme acercar
- No temas, es mi amigo Solar…
- …
- Sabes eres muy afortunado
- ¿Yo?
- Claro, eres el único que puede escuchar a los pájaros que vuelan a metros de aquí, el único que puede escuchar el sonido del rio fluir lleno de vida, las flores abriéndose, el revoloteo de esa mariposa que sé que estas sintiendo cerca.
- ¿Cómo lo sabes? ¿Eres ciego como yo?
- No, pero se mucho… ser ciego no es malo…
- ¡Claro que lo es! no tengo la dicha de ver a mi familia, a la naturaleza, a los colores que cada de los que oigo hablar
- Sabes, miles de personas tienen ojos para ver, pero no para observar, no ven la belleza sutil del mundo en el que viven, y tú tienes la suerte de sentirlo.
Ellos comenzaron a hablar durante mucho tiempo, yo solo los
miraba desde un costado y recordaba todas las veces que nos deteníamos a hablar
con alguien desconocido. Me pregunto si llegaremos a tiempo, Oku se podría
enfadar conmigo si llego tarde con ella.
- Aun así, me gustaría saber cómo son los colores, siempre he oído hablar del naranja del amanecer, del verde la de las hojas, del sol amarillo.
- Los colores es la forma que el mundo y todo lo que existe muestra su verdadera esencia, los colores, se ven de dos formas, con los ojos, y con el corazón. Muchas de las personas no ven los colores, porque no son capaces de verlos como verdaderamente son.
- ¿Cómo son?
- Bueno, por donde empezar
- Por el rojo – dijo el niño entusiastamente
- El rojo, es el color del amor; ese sentimiento que sientes por alguien especial a quien tú protegerías y del que nunca te gustaría separar, es el color de tu sangre, que llena a tu corazón de sentimientos hermosos. El amarillo es el color de la felicidad, esa sensación de satisfacción y alegría que tienes. El naranja es la mescla de los dos, es el color de la amistad, un amor sutil combinado con la alegría de una risa amiga. Morado el color de la sabiduría. Blanco, es el color madre, porque de ella salen todos los colores, y como solo una madre puede, demuestra calma. Rosa es un amor suave llenos de calma. Negro es el color de lo misterioso. Y el verde es color de la vida y esperanza
- ¿Por qué?
- Porque la esperanza es importante, es… ese deseo que tienes, ese sueño, esa cosa por la cual darías todo, es amar a nada, es creer en algo que es casi imposible, pero aun así crees, y son esos sueños llenos de esperanzas los que nos dan un motivo para vivir.
- Wow – un largo silencio se apodero de él joven, estaba sonriendo
- Ya es momento que me vaya… adiós – se paró y comenzó a caminar alejándose del atardece.
- ¡Espera! – dijo el pequeño
- ¿Cómo te llamas?
- Me dicen el mago azul
- ¿Por qué azul?
- Porque suelo ser calmado como el mar y el cielo, y por eso azul
Mientras nos alejábamos del, pude notar como el niño gritaba
de alegría y corría a su hogar, quería decirle a toda su familia que estaba
viendo, todo, cada centímetro de la naturaleza
- Le devolviste la vista, ¿Eso no está prohibido? – le pregunté
- Claro que no Sólar. Él no veia porque sus ojos no se conectaban con su corazón, solo necesitaba alguien que lo ayudar para que su corazón vea, que este se vuelva a conectar con sus ojos verde y pueda volver a ver… - sonrió – vámonos… estamos algo tarde.
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